VIDA Y MUERTE

miércoles, 12 de junio de 2013

EL HOMBRE PEZ.

Hola amigos, a petición popular y debido a lo cercano que me queda esta historia, me veo en la obligación de relataros la leyenda de uno de esos seres mitológicos que más relevancia tienen en esta Cantabria mágica y misteriosa.

Por todos es conocida la perfecta sintonía que guarda Cantabria a lo largo de los años con muchos seres mitológicos, de los que se dice haber habitado estas tierras, el ojáncano, la anjana, duendes, monstruos. Para todos los que no hayan tenido la fortuna de recorrer sus majestuosas montañas, sus imponentes bosques, los desbocados ríos, los colosales acantilados atormentados por la tremenda bravura del todo poderoso “Mar Cantábrico”, permítanme el honor de guíaros a través de esta infinita tierra, y profundizar así en la historia, de uno de estos seres, de lo que los habitantes de Liérganes y alrededores han logrado elevar a los altares… Espero les sea de su agrado, un saludo amigos, os dejo en compañía de este misterioso ser…
Todo comienza en un pequeño pueblo cántabro llamado Liérganes, situado en  pleno corazón de Cantabria. En el seno de una modesta familia de esta localidad cántabra nace Francisco de la Vega, hijo de Francisco de la Vega  y María de Casar, y más tarde conocido como “el Hombre Pez”.

Francisco era un chico de lo más normal, digamos que el típico chico de pueblo, que intenta ocupar su tiempo en lo que su entorno le permite,  en fin, que tampoco tenía un hobby o unas costumbres especialmente llamativas. Sus mayores aficiones eran  la pesca y la natación, podía tirarse horas y horas jugando en el rio Miera, río que atraviesa su pueblo.

Los días en la vida de Francisco transcurrían con aparente tranquilidad en manos de este mozo montañés, hasta que allá por el año 1674, su padre fallece, y es su madre la que decide mandar al muchacho de 15 años a trabajar a Bilbao, con el fin de formarle como carpintero.
Todo marcha bien hasta que ya en Bilbao, y en la víspera de una estrellada noche de San Juan, Francisco acude con unos amigos a nadar a la ría del Nervión. El joven Francisco tenía la fama de buen nadador, por lo que se desnudó y marchó nadando ría abajo, hasta que sus amigos le perdieron de vista. Horas más tarde y al ver que Francisco no volvía, los joviales muchachos dieron parte a las autoridades pertinentes, que acabaron dándole por ahogado tras largas horas de búsqueda sin éxito.

Tras cinco años, allá por el 1679 aproximadamente, unos pescadores que faenaban en la bahía de Cádiz, se alertan tras la aparición de lo que parece ser un ser extraño, una criatura acuática con una asombrosa apariencia humana. Días después dicen volverle a ver, por lo que se pueden imaginar el alboroto que se arma en la lonja ante las continuas apariciones, es entonces cuando a petición popular una decena de barcos parten en su captura, captura que dicen se antoja sencilla tras cebarle con trozos de pan, lo que desencadena que la increíble criatura acabe apresada en las redes de los pescadores.
Ya en puerto, el atónito gentío se queda estupefacto ante la imagen que están proyectando sus ojos… se trata de un hombre bien formado y corpulento, la piel pálida y el cabello rojizo no son grandes particularidades, de no ser por la inverosímil banda de escamas que le reviste el espinazo, junto con otra tira de escamas que le recorre desde la garganta hasta el estómago.

Los pescadores ante escalofriante hallazgo  deciden llevar a esta criatura que ya denominan como el Hombre Pez, al convento de San Francisco. Ya en el convento de San Francisco, los frailes de la época acaban por determinar que se trata de un ser demoniaco, y le intentan exorcizar de mil y una maneras hasta que por fin le logran arrancar un balbuceo, “Liérganes”, palabra a la que los frailes no encuentran sentido. El nombre de Liérganes empieza a correr por los mentideros de la zona, y es entonces cuando llega finalmente a los oídos de un cántabro que dice conocer el lugar. Este testimonio se pone en conocimiento de D. Domingo de la Cantolla, secretario de la Santa Inquisición, quien tras comprobar la veracidad de la información ordena a Juan Rosendo, un fraile del convento, partir hacia Liérganes con el Hombre Pez, todo ello con el fin de esclarecer el origen de tan siniestra criatura.
Ya en Liérganes, Juan Rosendo por medio de gestos hace adelantarse a la criatura, que no muestra vacilación en conducirle hasta la que era su casa. El fraile tras llamar a la puerta de la casa, comprueba como María reconoce a su hijo sin ningún problema, regalándole a este un afectivo abrazo entre lágrimas que para nada suscita desconfianza o temor.

Francisco aquel día se volvió a instalar en su casa, donde su madre y hermanos le recogieron con el mayor de los afectos, pero Francisco estaba vacío, y ya no le quedaba nada de aquel muchacho montañés que había partido rumbo a Bilbao. Francisco ahora, era una persona totalmente distinta... Apático, distraído, descuidado, mudo, apenas comía, iba descalzo, era fácil encontrarle desnudo o semidesnudo en la calle o en él rio…

Cuenta la leyenda que nunca más le oyeron hablar, con la exclusión de tres palabras sueltas que rara vez y sin sentido alguno pronunciaba, “Tabaco”, “Pan”, “Vino”. Los moradores de Liérganes le tenían como un bicho raro, un loco, aunque de él también decían que era muy amable y obediente, al menos hasta el día en que volvió a desaparecer tras nueve años de estancia junto a su familia. Algunos dicen que regresó a su hábitat natural, el mar…
Hoy en día en Liérganes existe una estatua que rememora esta vieja leyenda, y a su vez un Centro de Interpretación donde se analiza la leyenda de forma crítica. Al parecer existen varios documentos que dan cierta veracidad al asunto, aunque no se tiene claro si fue Francisco el hombre pez, u otro de sus hermanos. También se ha podido afirmar que Francisco o el Hombre Pez en cuestión, podía haber padecido ictiosis, que es una enfermedad que provoca que la piel se vuelva seca y escamosa similar a la de un pez, dándole el aspecto al que hace referencia la leyenda.
Centro de interpretación "El Hombre Pez"(Liérganes)
La historia resulta fascinante, y no puede ser menos… un hombre que vivió cinco años entre peces puede atestiguar una leyenda fantástica y sin igual, y para nada más lejos de la de “Tritón”, ese Dios que la mitología griega define como el mensajero de las profundidades marinas, y al que representan con el torso humano y cola de pez.

Desde mi punto de vista, creo que esta leyenda pudo tener un trasfondo bastante real, aunque el paso de los años ha ido retroalimentando y aderezando la historia con tanta fantasía extraordinaria, que se han cargado todo ápice de realidad. ¿Ustedes que opinan?

Bueno amigos, quiero recordarles que aún están a tiempo para votar por “VIDA Y MUERTE” en el I Certamen de blog del misterio 2013, que organiza MISTERIO RED. Os dejo el enlace aquí debajo indicando los pasos a seguir para votar. Un saludo y Gracias de antemano.

5 comentarios:

SYLIANNE dijo...

Realmente fascinante esta historia. No la conocía. Es curioso cómo todas estas leyendas se rodean de informaciones reales y añadidas, lo cual a veces nos impide darle la importancia que se merece. Gracias de nuevo por la información... Bonitas fotos! Un saludo.

Pérdikas Verre dijo...

Muy interesante la historia. Una leyenda que debe tener mucho de real. Como siempre temas que me fascinas. Aquél lugar de Cantabria es enigmatica una belleza pura. Un gran trabajo compadre...

SIR JABAT dijo...

Gracias amigos/as, no sabría como recompensarles, por siempre estar aquí, tan cerquita. Un saludo y nuevamente Gracias.

Freewoman dijo...

Fantástica historia. Quien sabe si verdaderamente existió, como bien dices debe haber cierta realidad en la leyenda pero está claro que este tipo de historias "se crecen" con el paso de los años.

SIR JABAT dijo...

Estoy contigo Freewoman, cuantos más años pasan, mas se engrandece la historia... o todo lo contrario. Un saludo